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La Guerra Fría fue un enfrentamiento soterrado que dividió por entero la humanidad, y trajo la amenaza de la destrucción mútua. Este libro pretende ser una reflexión informada sobre la Guerra Fría.


Biografías Editar

Francisco Veiga Editar

Francisco Veiga es doctor en Historia, analista político experto en Europa Sudoriental (Balcanes) y Turquía, profesor de Historia Contemporánea y Actual en la Universidad Autónoma de Barcelona, y coordinador de la cooperativa de ideas Eurasian Hub.

Enrique Ucelay Da Cal Editar

Enrique Ucelay Da Cal es un historiador español especializado en Historia Contemporánea. Actualmente es catedrático de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona.

Àngel Duarte Editar

Ángel Duarte Montserrat es un catedrático de historia contemporánea en la UdG, doctor en Filosofía y Letras y especialista en historia social y cultural de la política. Centrado en el análisis del republicanismo y el federalismo, las emigraciones y los exilios en la Cataluña y la España de los siglos XIX y XX. Asimismo se ocupa del estudio de las relaciones globales en el marco de la Guerra Fría y en el nuevo orden internacional.

Libro Editar

La paz simulada: Una historia de la Guerra Fría

La Guerra Fría fue más global que cualquiera de las otras guerras mundiales, además, sus consecuencias no se han extinguido. La sujeción sistemática a unas fronteras cronológicas no siempre es posible, por ello los aspectos culturales funcionan como un trazo de unión entre los distintos apartados. Nuestra realidad actual suele analizarse todavía a través del tamiz de unas percepciones adquiridas en los momentos más álgidos de la bipolaridad. La mentalidad de Guerra Fría no ha muerto, y este libro quisiera ser una contribución a su relegación.

EL LEGADO DEL MIEDO Editar

1. El síndrome de 1941: de la Segunda Guerra Mundial a las Conferencias Internacionales (1941-1945) Editar
El recuerdo del ataque sorpresa Editar

El 22 de junio de 1941, Alemania atacó por sorpresa a la URSS, en la denominada “Operación Barbarroja”, rompiendo el Pacto Ribbentrop-Mólotov. En los años siguientes los analistas enfatizaron la locura de la iniciativa alemana. Las tropas alemanas estaban mejor entrenadas y mandadas, tenían más experiencia y sus tácticas, como la “guerra relámpago”, habían demostrado ser muy eficientes. La Wehrmacht no tenía por qué fallar la toma de Moscú, pero el resultado fue condicionado por fallos de evaluación y organización.

En el otro lado del mundo, la aviación japonesa atacó la base militar de Pearl Harbor el 7 de diciembre de 1941, el denominado “Día de la Infamia”. Entre 1941 y 1942 Japón invadió parte del Extremo Oriente, demostrando una capacidad estratégica superior a la alemana. Los EEUU y la URSS habían eludido el juego diplomático internacional por la desconfianza ante los imperios británico y francés. Después de la Primera Guerra Mundial los EEUU se habían centrado en su flota naval y la URSS en la creación de un extenso ejército mecanizado; a los años treinta los dos añadieron las fuerzas aéreas.

En 1945 triunfaron las dos potencias agredidas y traumatizadas en 1941. En 1949 los soviéticos desarrollaron su primera bomba atómica. Se generó una nueva actitud militar basada en la doctrina del primer golpe. Esto generó la anticipación mútua del ataque sorpresa de la otra.

La herencia de las cumbres internacionales Editar

Las conferencias aliadas reflejaban urgencia ante la incertidumbre. La magnitud de la guerra obligaba a los líderes a tener contactos periódicos.

  • Conferencia de Terranova (agosto de 1941). Roosevelt y Churchill establecen la alianza anglo-americana. Dieron a conocer la Carta Atlántica, que establecía objetivos para la paz mundial, y se resumió en las “cuatro libertades”: de expresión, religión, liberación del hambre o el miedo.

Después de otras conferencias menos relevantes; con la primera victoria aliada surgió otra:

  • Conferencia de Teherán (noviembre de 1943). Roosevelt, Churchill y Stalin reorganizaron el mundo de posguerra.

Polonia era el principal frente de fricción entre EEUU y la URSS. Había mala relación entre el gobierno polaco, en el exilio londinense, y el soviético, que había impulsado la creación de un protogobierno títere. En esas conferencias y tratados, Churchill creía obtener de Stalin la fundamental concesión de aceptar el principio de elecciones libres y del respeto a los derechos humanos. Hitler quería que estallase la guerra entre soviéticos y americanos. Churchill tuvo mucho contacto con Stalin para conservar algún derecho a influir en la situación política europea, confiando en disolver la cerrada estructura estaliniana mediante los procesos electorales libres. La improvisación dominó cualquiera de las conferencias internacionales.

  • Conferencia de Yalta (febrero de 1945). Fue la última reunión de los tres grandes líderes aliados, Roosevelt murió poco después y Churchill perdió las elecciones. Los británicos intentaron asegurar elecciones libres y democráticas para los países ocupados por los soviéticos. En cambio, la prioridad para Roosevelt fue asegurar la contribución soviética a la derrota del Japón y la constitución de las Naciones Unidas. Hicieron los planes para desarmar y ocupar la Gran Alemania de Hitler.
  • Conferencia de Potsdam (julio de 1945). Truman, Atlee y Stalin hablaron de las reparaciones que Alemania debía pagar, sus nuevas fronteras y su desnazificación. Nunca se firmó un tratado de paz con Alemania ni Japón, la Segunda Guerra Mundial quedó congelada por la Guerra Fría. El acuerdo de posguerra se dibujó en la creación de las Naciones Unidas.
  • Conferencia de San Francisco (25 de abril de 1945). Se redactó la Carta de la ONU, y se hizo efectiva a partir del 24 de octubre, ya terminada la contienda en el Pacífico.

2. Fuerzas ocultas y naciones en armas: guerrillas, saboteadores, resistentes y espías (1939-1945)
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Junto al “síndrome de 1941”, el conflicto entre potencias por el choque entre sistemas económicos y sociales contrapuestos, contribuyó a consolidar unos mecanismos de lucha y una guerra oculta.

Espías y enemigos internos Editar

Con el término “quinta columna” se designa a las fuerzas clandestinas que en el interior preparan y facilitan el ataque desde el exterior. La guerra civil española facilitó la asimilación entre guerra popular, guerra secreta y guerra irregular.

Como reacción, los gobiernos europeos contrataron agentes libres o mercenarios, así manteniendo intacto su honor al evitarse la creación de una plantilla fija de espías profesionales. El triunfo bolchevique encumbró la idea de que las “fuerzas ocultas” podían explicar incomprensibles derrotas. La mayoría de gobiernos pensaban contrarrestar los agitadores y espías comunistas con una policía organizada. La Segunda Guerra Mundial modificó el panorama anterior, la explicación de las derrotas mediante los espías se convirtió en un tópico generalizado. Aunque no todo eran invenciones, el ataque a Pearl Harbor se hizo con una red de espías japoneses, Roosevelt respondió autorizando al FBI a controlar a los sospechosos. La fuerza de lo imaginado tuvo implicaciones para la resolución de la guerra y posguerra.


La Resistencia, plebiscito armado contra la opresión Editar

En la lucha clandestina se desarrolló la guerra irregular: espionaje, sabotaje y lucha guerrillera. En algunos países se organizaron como verdaderos ejércitos. Oficiales e instructores encuadraron y entrenaron a guerrilleros aliados en la retaguardia. La dimensión más trascendental de la resistencia clandestina a los ocupantes alemán y japonés fue la política; ya que, la resistencia se convertía en un factor decisivo de legitimación. Los resistentes eran los patriotas genuinos, la auténtica “nación en armas”.

Durante las conferencias interaliadas se construyó la alianza ideológica de las tres grandes naciones libres, los angloamericanos en base a la idea liberal-democrática, y los soviéticos a través del socialismo. Durante la contienda, esa base apenas tuvo fracturas profundas. Había mucha colaboración en la guerra clandestina e irregular. La planificación central y el control estatal probó ser más beneficioso para la sociedad que el liberalismo; el New Deal había marcado un punto de no retorno. El gabinete laborista británico, triunfante en 1945, inició las políticas del “Estado del bienestar”.

Durante la guerra los elementos de discusión básicos entre aliados pasaron en primer lugar por vencer a los fascistas; y, a partir de 1944, se incorporaron las preocupaciones geoestratégicas para la inmediata posguerra. La última expresión del sentido de la alianza fueron los procesos por crímenes de guerra, como el juicio de Nuremberg (noviembre de 1945 a octubre de 1946). Para juzgar los crímenes nazis se creó la categoría de “crímenes contra la humanidad”. Allí se estableció que las agresiones injustificadas eran de incumbencia internacional y se sentaron las bases del pacifismo.

El enfrentamiento EEUU-URSS no estalló violentamente, sino que fue producto de un deterioro gradual, causado por el desconocimiento mutuo, generador de miedos y recelos.

Dos grandes potencias, dos grandes desconocidas Editar

Durante la guerra, EEUU creó el OSS, su primer aparato permanente de espionaje exterior. A pesar de esto, y de haber controlado parte de Europa, la información de que disponían sobre la URSS era paupérrima. Los soviéticos tenían una mastodóntica red tentacular de informadores, profesionales de espionaje o de partidos comunistas. Aunque demostraron tener grandes carencias informativas en la Segunda Guerra Mundial.

La URSS creía que se produciría la “decadencia de Occidente”. El espionaje soviético se infiltró en el “Proyecto Manhattan”, la fabricación de la primera bomba atómica; y lo que era escaso interés, para Stalin, se trocó en angustia.

Esa angustia propició la obsesión por implantar regímenes comunistas en los estados que controlaban militarmente. Su objetivo principal era crear un glacis territorial defensivo que separase las fronteras occidentales de las soviéticas. Por otra parte, los angloamericanos desconfiaban de los movimientos soviéticos. Las dos potencias traumatizadas se quedaron frente a frente, y proyectaron su miedo apocalíptico la una en la otra.


3. Trincheras culturales para después de una guerra
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La Guerra Fría generó respuestas culturales específicas, dada la intensidad del enfrentamiento y la propaganda ideológica. Lo que más sorprende es el tradicionalismo argumental de unos y otros, a pesar del énfasis puesto en la alta tecnología punta y el “socialismo real” o el American way of life.

La transmisión del pesimismo apocalíptico Editar

El siglo XX estuvo obsesionado por la idea del apocalipsis inminente, por la tecnología fuera de control y las ocultas conspiraciones que manipulaban el mundo. Las distopías pasaron a ser muy influyentes en la cultura popular. En el periodo de entreguerras, el comunismo recogió la imagen de la tiranía absoluta, del dominio de la mentira, destrucción y de sus agentes infiltrados. Surgió el antifascismo y el miedo a la despersonalización en la urbanización creciente, y el temor a la americanización.

Entre 1939 y 1941, Alemania y la URSS estaban aliadas, y la propaganda de los francobritánicos insistió en la afinidad entre totalitarismos, nazis y comunistas representaban un mismo enemigo. Soviético y nazis insistieron en que detrás de la democracia se encontraba la hipócrita hegemonía de unos imperialistas descarados.

El hundimiento rápido de Europa occidental se aseguró mediante un “quinta columna” germana. Toda guerra moderna era un apocalipsis tecnológico dirigido contra los civiles. Cuando, en 1945, se liberaron los campos de exterminio alemanes, la realidad demostró ser peor. “Después de Auschwitz no puede haber poesía” - Theodor Adorno. La sintonía entre socialistas y comunistas se rompió por el tema del Gulag. Los norteamericanos fusionaron anticomunismo y antifascismo para hacer una síntesis totalitaria de impacto publicitario. Se podía estar en contra de la guerra y a la vez desarrollar un combate ofensivo permanente contra “los militaristas, los chovinistas y el fascismo”. Los americanos insistían en los valores de la democracia y del sistema de libre empresa, pero buscaban el alineamiento de dictadores locales oportunistas, ninguno de los cuales servía precisamente de modelo de tales valores.

La pugna por la capitalidad cultural del mundo Editar

La dinámica de polarización política contagió toda la vida cultural. Al caer París, la vanguardia se trasladó a Nueva York, donde los surrealistas lanzaron una segunda ola del movimiento. La Segunda Guerra Mundial dio pie a la sociedad del bienestar y el boom demográfico. En 1949, Francia prohibió la importación de Coca-Cola, para defender mejor el patrimonio y la hegemonía de la Ilustración. Los soviéticos se protegieron con el tema de la “decadencia de Occidente”, y afirmaban que todo lo que venía de Estados Unidos era zafio y vulgar, anunciante del final del capitalismo. Si el imperialismo era la última fase del capitalismo, el Coca-colonialismo sería el estertor definitivo. Los americanos retrataron a la URSS como la “tiranía de Oriente”.

Los sovíetico potenciaron sólo una cultura muy tradicional y burguesa, mientras la modernidad plasmó los valores del americanismo, cuales eran la iniciativa independiente y la libertad de criterio. Estos estilos no fueron muy bien entendidos por el gran público americano. Las clases medias proliferaban y se imponía una homogeneidad social cuyo símbolo eran los barrios residenciales, y su estilo de vida, ordenado y predeterminado, generó una extendida sensación de aburrimiento. “Una pesadilla con aire acondicionado” - Henry Miller. Los sociólogos americanos habían diagnosticado el necesario crecimiento de las clases medias como el mejor antídoto contra la inestabilidad política. La modernidad triunfó incluso en medios muy antiamericanos, ya que era buena, bonita y barata.